EL
CHULO
Francisco
Umbral[1]
Viajaba de Santo Domingo[2]
a Chone[3]
en un bus interprovincial Reina del
Camino[4],
pasamos por el Carmen[5]
y se subieron varios pasajeros, un hombre delgado de pequeña estatura y de
aspecto mayor se sentó a mi lado en uno de los asientos dobles que estaban
vacíos, se dibujaban las arrugas de su rostro como surcos del campo, su mirada
era penetrante y le gustaba hablar, me saludo a lo que respondí con un gesto
educado con la cabeza y el rostro de bienvenida. Intercambiamos unas cuantas
palabras y viendo mi juventud e inexperiencia a ojo de buen gallero, me dijo
que me daría algún concejo que me servirían en la vida, pues de la vida él
sabía mucho.
Desde muy joven empezó en las artes
de la chulería y tuvo mucho que aprender, tras muchos éxitos y fracasos el aún
seguía vivo y llevaba una mujer; me dijo, joven en la vida hay que aprender
rápido y ser sabido para que no le vean la cara de cojudo.
Si uno consigue una mujer y la pone
a trabajar, hay que estar atento y vigilante, me dijo que él llevaba a la mujer
al chongo de una manera muy discreta, para que los hombre que ya estaban
ahí no se dieran cuenta que él es su chulo; mientras la mujer se iba a
cambiarse de ropa y ponerse el traje adecuado para su trabajo, él buscaba un
sitio estratégico en el bar para estar ahí tomándose unas cervezas mientras su
mujer trabajaba, el lugar escogido era importante porque tenía que ser adecuado
para vigilar a su mujer; él podía verla muy bien pero ella no.
Mientras
transcurrían las horas él iba guardando en uno de los bolsillos de su camisa
palitos de fósforos, uno por cada servicio, al final de la jornada él contaba
los palillos y sabía exactamente cuánto
dinero había ganado su mujer, dinero que lo recogía en su totalidad porque él
lo administraba.
Me dijo que había que muy
contundente cuando su mujer se guardaba algo de dinero o si no le cobraba a
algún cliente en especial, no podía verle la cara de pendejo, uno debe ser
sabido y bien hombre. Si hay que darle una paliza a la mujer, hay que darle una
buena paliza, que sepa quién manda y que le tenga miedo, la paliza debía ser
buena ya que de lo contrario la mujer se revelaría y haría lo que le diera la
gana, la paliza tenía que dejarle a la mujer maltrecha por unos pocos días,
pero en la justa medida para que pueda regresar al trabajo en pocos días.
Así se controla a una mujer, me
dijo, que no le vean la cara de pendejo, que sepan que usted es un hombre y no
cualquier cosa.
[1] Fábula del falo de Francisco Umbral, 1985.
[2] Santo Domingo de los colorados, cantón de la provincia
de Pichincha de Ecuador.
[3] Chone, cantón de la provincia de Manabí, Ecuador.
[4] Cooperativa de transporte interprovincial del Ecuador.
[5] El Carmen, cantón de la provincia de Manabí, Ecuador.
Historias de perro callejero convertidas en Fábulas de
vida, las fábulas del falo escritas por Francisco Umbral han dado luz verde
para que podamos continuar con la posta que nos ha dejado nuestro admirado
escritor.

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