miércoles, 20 de febrero de 2019


EL GESTO DE DIBUJAR
El tiempo está donde no se ve. Hay que inventarse una especie de diccionario. ¡Qué es eso del tiempo! El tiempo no existe. El tiempo es lo que no se ve del espacio. Y cuando ves el otro lado del espacio, ya no está el tiempo. El tiempo está liquidado – será verdad o no, pero me servirá a mí para seguir pensando…
                                                                                                                      Jorge Oteiza


     Si nos preguntamos qué es tener una idea en dibujo, primero tenemos que tener conciencia que el mundo primero es sentido y no conocido, también es comprensible decir que tener una idea es pensar. Cuando el mundo se nos abre a los sentidos y comenzamos a ser parte de él, las cosas comienzan a tomar sentido en la medida que vamos conociendo, las formas ocupan lugares y las palabras nos conectan con su existencia. Tener una idea en dibujo es pensar en líneas que se mueven y se envuelven en formas conocidas, o en una maraña de líneas desconocida y caótica que nos desconcierta pero que nos obliga a darle cierto orden. Estas ideas no aparecen de la nada, es lo vivido, sentido, sufrido, que afloran con una intención por una necesidad, una necesidad visceral e intelectual de encontrar en el lenguaje de las líneas un sentido que nos conecte con una realidad. Las ideas que surgen del pensamiento se proyectan como imágenes mentales que podemos trasladarlas a una superficie física, rayando dicha superficie con una intención preconcebida para que se muestre mínimamente, ya que la imposibilidad de copiar la imagen mental es humana.
Para Jean-Paul Sartre, las imágenes mentales presentan contenidos de la naturaleza psíquica y no requieren de su aparición de una estimulación física, aunque continúan manteniendo buena parte de las características de las imágenes que podríamos denominar materiales (Zunzunegui, 1998).
Si miramos a lo lejos y encontramos un punto que, al acercarnos comienza a tomar forma y descubrimos a un compañero de viaje; si un cazador observa a una presa que se aleja o se acerca en una trayectoria que se dibuja en su mente, necesita descifrarla para que  su estrategia de caza consiga su objetivo; la herida producida por un pinchazo de una espina en la mano, aparte de producirnos el sobresalto del dolor, descubrimos el punto y el color de la sangre. El punto y la línea son elementos que nos ayudan a entender el mundo ya que estos le dan forma.
En una noche despejada, observamos las estrellas como puntos luminosos en el firmamento que nos invitan a conectarlas y dar formas, lo que nos permite la conexión es la línea.
Observamos que las líneas de las manos ya están desde el día del nacimiento de una persona y son únicas, es como una firma que traemos incorporada.
Las arrugas marcadas en el rostro de una persona, nos dan una pista de su historia, las arrugas son los surcos que dejan marcados los años vividos, de acuerdo a la fisiognomía una persona a los cincuenta años tiene el rostro que se merece.
Si seguimos las huellas dejadas por un animal nos desplazamos en la línea de su trayectoria, si fotografiamos a unas hormigas, estas forman una línea en su camino de abastecimiento de alimento, si seguimos cotidianamente la dirección de la línea en nuestro caminar diario, dejamos huella, y es que cualquier acción humana termina siendo huella de ella misma, cualquier comportamiento formaliza su estructura y nos crea una imagen análoga de su razón más profunda. Las estructuras que determinan los gestos, marcan las propiedades con las que percibimos y reducimos el mundo entrópico de la percepción (Gómez (coord.), 1999, p. 18).
Si estamos sentados alrededor de un fuego en el campo, estamos en algo que cierra, en el centro está la candela, se construye con la línea cerrada el círculo. Basta con detenerse a observar la naturaleza para descubrir formas geométricas como la luna, al unir imaginariamente con líneas tres, cuatro o más estrellas.
Para que haya dibujo necesitamos de la línea que la definimos como la trayectoria de un punto en movimiento en el espacio-tiempo, además una línea esconde a otra por su propia densidad.
Los seres humanos de la prehistoria dejaron su marca de “yo estuve aquí” grabado en piedra  hace unos 20.000 años, produjeron los primeros signos conservados que se pueden interpretar como imágenes: huellas y rascados en las paredes de determinadas cuevas (Zunzunegui, 1998).
En esa maraña de líneas comenzamos a descubrir cosas conocidas, a dar forma a imágenes, el gesto de buscar se convierte en un gesto vital ya que la imagen no representativa precede lógicamente a la representativa, en esa búsqueda podemos encontrar, descubrir e inclusive inventar formas. Mientras que las líneas bien determinadas definen los objetos, las líneas borrosas obligan al espectador a buscar, encontrar y definir las formas. Posteriormente a esta distinción el espectador hará la diferencia entre una obra figurativa y una obra abstracta (Delannoy, 2015, p. 93). En un cuadro dibujado las imágenes denominadas abstractas, aun siendo muy concretas, son aquellas que presentan percepción pero no percepción-de porque no se remiten a objetos conocidos (Zunzunegui, 1998)
El dibujo es asimismo, una escritura que en anotaciones sucintas, es marcar con intensión un propósito definido, que tras los análisis de la razón y la emoción, simula en síntesis lo visto o lo observado que se pretende representar. Pero ello no siempre adquiere un matiz definitorio y se lo aprecia solo como esquema preparatorio para otros medios de expresión: pintura, escultura o arquitectura (Gómez (coord.), 2002).
Pero el dibujo es sí es un arte autónomo vital y esencial, es una herramienta que ayuda a  estructurar y dar forma al mundo en múltiples formas de representaciones, es como las matemáticas en las ciencias, o como el lenguaje al pensamiento. Siempre buscamos patrones comparándolos con formas, ideas, conceptos que tenemos en nuestras memorias. En esta búsqueda intervienen nuestras emociones, nuestros sentimientos, nuestras preferencias, nuestras necesidades, nuestro entusiasmo, nuestra motivación, nuestros deseos, nuestra voluntad. Este universo existencial lo podemos condensar en un dibujo (Delannoy, 2015).
Por la experiencia podemos afirmar que, los dibujos poseen una dualidad directa en el sentido de que conducen de una manera palpable y práctica hacia pensamientos concretos visibles; son instrumentos concretos de concreción, y a la vez son simples instrumentos para experimentar relaciones adicionales, conjeturas: es decir, son un medio para un fin en más de un sentido, no son resultados completos y definitivos, son semillas o entes en construcción (Gómez (coord.), 1999). De esta manera el artista puede reordenar y concretar los trazos  con su habilidad y gesto experimentado, vivir nuevas experiencias que lo enriquecen, que lo encaminan a descubrimientos e invenciones.