Un macho de
falo ausente se pasea por la Casa Blanca, todo él es una picha gorda por su
aspecto parecido a los cerdos rosados, que se consumen en las mesas de la gran
masa global que come carne de cochino. Los falos-misiles continúan cayendo en
los pueblos del mundo árabe destruyendo civilizaciones y su legado cultural; el
negocio de las armas en su carnaval de primaveras construidas estratégicamente,
convierte a los señores de la guerra en señores de la muerte, la aplicación de
la economía neoliberal ha conseguido que un minúsculo grupo de ricos sea dueño
de casi la totalidad de la riqueza del mundo.
Es
innumerable la cantidad de contradicciones presentes hoy y las extremas desigualdades
de las sociedades contemporáneas, todo esto por la simple razón que nos
gobierna el egoísmo, la competencia y la acumulación sin medida. El ídolo que
más fieles convoca es el dinero, el hedonismo es aplaudido por multitudes, la
individualidad como logro de nuestras libertadas controladas, el consumo
obsesivo y compulsivo de recursos finitos es incentivado para dinamizar la
economía. El paradigma de la falocracia vigente desde hace miles de años
continúa reinando y parece que el planeta camina al colapso, al exterminio de
ese depredador bípedo que ha invadido todos los rincones del planeta; la
competencia, el beneficio, la sed de poder, continúan arraigados en el sentido
común de las gentes de la aldea global.